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Hard Gore
Entrevista a: Nota general
Revista: Los Inrockuptibles
Por: Arnaud Viviant
Fecha:
Noviembre de 2005

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Transcripción


Hard Gore
El regreso de Depeche Mode es de la mano de Playing The Angel, su disco más nostálgico pero también el más tóxico y venenoso en años. En medio de un divorcio que sirvió de inspiración para sus nuevas canciones, Martin Gore; intenta explicar la vigencia de un grupo fundacional que sobrevive con los pies en la tierra y la cabeza en el infierno.


El nuevo álbum de Depeche Mode es el número once en veinticinco años de carrera. De alguna manera es como que ya está: sería bueno ir admitiendo que exprimimos demasiado a estos "chicos" un tanto entrados en años a los que Daniel Miller -el quinto Depeche Mode, su Brian Epstein bien conservado- maceró sin temor a las costumbres de la época. Después de todo, ¿el tiempo no es como esos pieles rojas que caminaban al revés para dejar las huellas invertidas y engañar así al hombre blanco? Se sabe que los miembros de Depeche Mode no se quieren demasiado entre sí. Sólo su pequeña empresa logra reunirlos cada tres o cuatro años en la misma habitación. Sin embargo, están vivos, y son envidiados -e increíblemente venerados- por varias generaciones, algo que sólo sucede con los elegidos. Nadie ignora que Dave Ganan tuvo problemas con las drogas y que el lugar más seguro para encontrarlo, hoy por hoy, es en una reunión de Narcóticos Anónimos. Por su parte, Martin Gore tiene pancita, pero conserva las uñas pintadas de negro y un collar de perro en el cuello. Da gusto. Es evidente que aprovechó sus ganancias para arreglarse los dientes: un lindo trabajo, aunque un poco exagerado. Después de escuchar el flamante Playing The Angel, es obvio que Martin, el compositor principal del trío, también debe tener sus asuntos oscuros y sus visitas al infierno: la dureza -en todo sentido- del nuevo capítulo de este culebrón dark que es la biografía de Depeche Mode es demasiado impactante como para tratarse únicamente de una puesta en escena de viejas y queridas costumbres ochentosas. Y es que, tal vez, la diferencia entre el cantante que se queja y el songwriter que produce está en que, mientras Gahan parece necesitar hacer públicos sus expedientes narcóticos y gritar a los cuatro vientos sus adicciones, Gore prefiere exponer sus miserias en canciones atormentadas y definitivamente irresistibles. Además, en este momento Martin está en medio de "un gran divorcio, al estilo californiano, como diría Neil Young". Cuenta que dedicó a sus hijos el nuevo simple, Precious, un hit dulce y lánguido. Sin duda lo hizo para que sus niños comprendan algún día lo que papá tramaba cuando mamá lloraba tanto. En fin, la música pop...
Pero Martin está bien. Y esta vez tiene una buena razón: el nuevo Depeche Mode es más goie que nunca, incluso tomando al pasar tres temas de Dave Gahan, quien ahora se considera compositor desde su poco feliz disco solista, Paper Monsters (O2), en el que su mejor tema era un auténtico robo a Nick Cave. En síntesis, Martin, que todavía se parece a un joven peluquero que logró recuperar sus tres salones de moda en la ciudad, firma los otros nueve temas, de los cuales tres son perlas absolutas. Precious, el primer simple que no deja de rotar en las radios del mundo; John The Revelator, un festival bailable absolutamente ochentoso, entre, como era de esperar, Soft Cell y Eurythmics. Y, sobre el final del álbum -zona en la que históricamente Gore acostumbra poner las canciones más personales-, Luían, una canción simple, básica, casi ingenua, de tres acordes, que bien podría ser la réplica electrónica de Suzanne, de Lou Reed. Resumiendo: para Gore es la gloria, y entre risas cuenta: "El departamento de marketing de EMI, después de una consulta a un panel de oyentes, me aconsejó acelerar el tempo del nuevo simple para que resultara más atractivo en las radios y en las pistas...". También cuenta cómo él los mandó "a pasear. Es increíble hasta dónde ha llegado la gente de la industria... Falta poco para que la misma persona que redacta una gacetilla de prensa decida cómo debe producirse un disco". Gore, queda claro, es un artista, y no un empleado de los sellos ni un compositor menor. De ahora en adelante sus temas son interpretados por los más grandes: Johnny Cash hizo una versión luterana de Personal Jesús ("Cash creía en Dios mucho más que yo; después de haberla grabado creo que ya le pertenece", explica Martin). Placebo grabó varios covers del grupo, tanto en vivo como en discos piratas. The Cure suele visitar sus canciones en más de un show. Marylin Manson, el Anticristo mismo del pop, encarnó una versión satánica también de Personal Jesús. Y el francés Sylvain Chauveau, quien recientemente, después de un álbum de gymnopédies a lo Eric Satie en clave ambient rock -Le Livre Noir Du Capitalisme (El Libro Negro del Capitalismo)-, editó Down To jfrg Bone, un hermoso tributo acústico a Depe-che Mode. Once versiones barrocas grabadas con un ensamble de música clásica que muestra que, aunque Sylvain no canta tan bien como Dave Gahan, la escritura de Martin Gore resiste al cambio: de Blasphemous Rumours a Enjoy The Silence, supera la ausencia de las máquinas y se adapta a la tranquilidad de la música clásica. El disco de Chauveau, tan divertido por su costado "peor es nada" -es el Unplugged que Depeche Mode no grabará oficialmente...-, evoca indirectamente a esos "cuervos" de mitad de los años 8o que vivían escuchando Eyeless In Gaza, And Also The Tress, This Mortal Coil... También al principio de la mítica década es adonde remite automáticamente el nuevo álbum de Depeche Mode, Playing The Angel. Se sabe que quien se hace el ángel se hace el tonto, y este disco lanza al oyente hacia el pasado a bordo de una máquina infernal que primero deshace el paso del tiempo, y después embriaga con la nostalgia para terminar atacando en el momento más inesperado con su fuerza taimada. Playing The Angel es un disco hecho con máquinas, pero con máquinas viejas. ¡Qué sonido, a la vez electrónico y desprolijo, ensordecedor y centelleante, con un hálito increíble! Es el aliento seco y fresco de un cocainómano de los 8o. Parece que en este punto el aporte del productor Ben Hillier fue esencial. Hillier no es muy conocido, pero trabajó junto con Blur en Think Tank, toda una referencia, y es un fan de la música electrónica que, en su casa, debe escuchar más a Fierre Henry que a Depeche Mode. "Sí, es muy raro que hayamos terminado trabajando con él. Cuando lo conocimos, lo primero que nos dijo es que no era especialmente fan de Depeche Mode, algo que en lugar de amedrentarnos nos pareció muy bien", revela Martin Gore. "Ben tuvo una gran idea que terminó definiendo el sonido del disco: buscó en Internet sintetizadores viejos en oferta y cajas de ritmo antiguas, las mismas que Soft Cell o Eurythmics utilizaron para hits como Tainted Love o Sweet Dreams en los 8o." Una vez adquiridos los instrumentos -"los sonidos que no se consiguieron originales fueron reemplazados por plugins bajados de Internet", amplía Gore-, las programaciones fueron grabadas con la tecnología más sofisticada que existe hoy en día. De ahí ese espíritu pop a la vez tan arisco y familiar que emana todo el álbum.
El resto son canciones de Martin Gore, lo que ya es decir mucho: como siempre, viejos blues electrónicos actualizados que ahondan sobre el tema del dolor y la pena en la lengua que mejor conocen los darks. "Dave dice que escribo siempre lo mismo. Puede ser... Pero también es cierto que la pena y el dolor son dos sentimientos extremadamente diferentes", se defiende Martin con el típico razonamiento de quien se reconoce un masoquista incurable. En Playing The Ángel, como sucede en la vieja tradición del blues, las metáforas bíblicas vagamente retomadas desde lo sexual, y filtradas por la noche y sus excesos, se enhebran como perlas. "Cualquiera podría pensar que es una locura, pero mi escritura está mucho más cerca de Bob Dylan o Neil Young que de Kraft-werk", explica Martin mirando por primera vez a los ojos y confesando enseguida que, efectivamente, robó John The Revelator de un disco de blues de Sun House. En su rol, Dave Gahan canta divinamente bien, con su voz de marquesito herido, de cisne negro con la intención de emplumarse lo antes posible. Pero lejos de oscurecerse en el preciosismo, el resultado sorprende por su devenir simple en una música hecha tanto de vacío como de plenitud -otra vez, como en el blues... Porque si hay algo que Martin Gore sabe mejor que nadie es que la euforia y la depresión son sentimientos tan cercanos como las canciones que él mismo sigue escribiendo. Y que aunque ya hayan pasado más de veinte años -y once discos-, siguen siendo tan conmovedoras como la primera vez.

Más Martin Gore
Cinco impresiones sobre Playing The Angel

La temática y las letras del disco giran alrededor de lo mismo de siempre. Son canciones que suelen atraer a los freaks y a toda la gente "disfuncional" del mundo. Lo de la gente "disfuncional" es un chiste, pero... Nuestras canciones hablan de cosas que no son exactamente las que abordan los típicos temas pop. De todos modos, llegamos a un punto en el que aprendimos a reírnos un poco de nosotros mismos, y la prueba es esa frase que aparece en la contratapa del disco, "Pain and suffeñng in various tempos" ("Dolor y sufrimiento en varios tempos"), que nos hizo reír mucho durante la grabación y que cuando la recordamos todavía nos saca una sonrisa.

Nunca me gustó definir nuestra música como "dark", porque en nuestras canciones siempre hay algo de esperanza. Toda la vida traté de dejar eso en claro porque creo en el poder absoluto de la música... Es decir, no me quedo con un sólo sentimiento sino que trato de escribir sobre una combinación de emociones.

Siempre me da un poco de miedo pensar en que hay que hacer un disco entero. ¿Cuántas canciones debería tener? Al principio no sabíamos cuántas podía llegar a escribir Dave, pero el simple hecho de pensar en escribir nueve o diez canciones me intimidaba un poco. Además, volver a juntarnos significa expulsarnos a nosotros mismos de nuestras adorables vidas individuales para trabajar mucho a lo largo de un período de dos años y encarar un desafío bastante duro. Obviamente, todo esto genera una serie de preguntas: ¿podemos hacer esto todavía? ¿Podemos crear algo que entusiasme a alguien, que sea interesante y nuevo? ¿Podemos salir un año de gira? Pero esta vez todo fue muy animado. La grabación de este disco fue la más divertida desde Violator.

Depeche Mode es una parte esencial de cada una de nuestras vidas.
Es una experiencia que a veces es difícil de atravesar pero que nos proponemos hacer juntos a pesar de determinadas diferencias. Por ejemplo, grabamos el disco entre Nueva York, Londres y California porque son las ciudades en las que vive cada uno. Para ser honesto, la sensación que tenía antes de empezar a pensar en Playing The Ángel era que teníamos una cuenta pendiente.

Fan Club: Por Rudie Martínez (Adicta, Audioperú)
Escribo Depeche Mode en mi memoria y obtengo más de mil anécdotas, el reconocimiento inmediato de todas sus canciones y unas cuantas lágrimas.
Una anécdota: corría el año 89... Con Francisco Bochatón intentábamos abrirnos paso en el maravilloso mundo de la composición. Hasta ese momento no habíamos articulado más que una horrible tonada en honor a la chica del videoclub. En un piano desvencijado, instalado en el garage de su casa, pasábamos horas torturando a los vecinos sacando temas de DM. Nos apropiamos de Black Celebration, Lie To Me y Behínd The Wheel, y dimos con algo que llamamos "robers". Sí, eran iguales a las canciones de Depeche, pero eran nuestras canciones.
Una canción: me resulta difícil elegir una sola debido a mi adicción a las composiciones de Martin L. Gore. Arbitrariamente me quedo con It Doesn't Matter Two, de Black Celebration. Los arreglos a lo Phillip Glass, y esa voz de Martin hablando de "love & trust", de "hopes & fears" (Martin dixit) son escalofriantes. Canción para mi muerte.
Unas lágrimas: hubo un tiempo que fue hermoso, pero no podía escuchar Judas, de Songs OfFaith And Devotion, sin ponerme a llorar. Era como si la canción activara el interruptor de mi lagrimal. Una tarde de mucho calor, sentado solo en mi habitación con Judas de fondo, mientras estrujaba mis lágrimas con una remera, entró mi roomate de la época. A la pregunta sobre qué me pasaba respondí: "Nada, sólo estoy disfrutando".
Playing The Angel es mágico. Depeche vuelve a ser misterioso. Jure que lo necesitaba. En Ultra y Exciter me faltaba la nota sensible, esa que hace que sepa cada palabra con su melodía de memoria sin tener que refrescarlas. Los noto renovados, pero linkead:; directamente con sus trabajos más logrados (Black Celebration, Music For The Masses, Violator). Sonidos carrasposos y profunde; enmarcan la voz de Gahan que vuelve a estar en lo más alto. Desde allí fantaseo que me mire con los ojos cerrados. Quizá sepa que estoy aquí como siempre. Quizá me reconozca. Y tal vez me vea como un Depeche Mode más.
 

 

 
 

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